PONENCIA

 

EL PATRIMONIO INTANGIBLE

Dr. Antonio Donini
Argentina, Buenos Aires

El concepto de patrimonio cultural ha ido evolucionando progresivamente desde el Primer Congreso Internacional de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico y Edificación, realizado en Canarias en 1992, hasta incluir, en la actualidad, no sólo las obras de arte, sino también el "paisaje cultural", los asentamientos urbanos, las "rutas culturales", etc. Podríamos decir que en los últimos cincuenta años, desde que se firma en París el Convenio Cultural Europeo con el objeto de salvaguardar el Patrimonio Internacional, se ha superado la noción del patrimonio exclusivamente centrado en lo material o tangible para considerar y valorar la importancia del patrimonio inmaterial o intangible.

El objetivo de esta ponencia es destacar, no sólo la importancia del patrimonio intangible, sino la conexión indisoluble que existe entre ambos patrimonios, de modo que no pueden existir el uno sin el otro. Como afirma Jean Louis Luxen, la introducción del concepto de patrimonio intangible nos obliga a modificar el enfoque tradicional: la cuestión de fondo no es ahora "cómo conservar", sino "qué y por qué conservarlo".

El patrimonio intangible

En su trabajo titulado "Cómo tratar el patrimonio intangible" (Luxen, 1998, 260) escribía: "La búsqueda del mensaje de los bienes culturales lleva a resaltar los valores éticos, las formas sociales de comportamiento, las creencias o los mitos, de los cuales, los elementos del patrimonio físico serán los signos, la expresión en el espacio y en el tiempo. Los valores de autenticidad o de identidad, se utilizan para poner de manifiesto la significación de las obras arquitectónicas o urbanísticas, y las transformaciones del medio natural debidas a la intervención humana. Se habla de "sitios asociativos" y de "lugares conmemorativos". En última instancia, el concepto o el discurso en torno a un bien cultural, revisten una importancia mayor que el objeto en cuestión: la dimensión inmaterial prevalece".

Efectivamente, la definición de patrimonio que nos da el diccionario es "herencia o legado que se trasmite de padres a hijos o de una generación a otra". En el caso del patrimonio cultural -que es el tema específico que aquí nos interesa- se trata de una herencia o legado que las sociedades humanas van creando y trasmitiendo de generación en generación a través de los siglos. Ahora bien, desde el punto de vista de las ciencias sociales (particularmente la historia, la sociología y la antropología) la cultura incluye todos aquellos productos creados por el hombre, y que están relacionados con la vida y supervivencia humana. Aun los productos de la cultura material, como son los artefactos o utensilios de las culturas primitivas, son instrumentos que utilizan los individuos para responder a sus necesidades individuales y sociales; son además vehículos de la cultura, a través de los cuales podemos conocerla y valorarla; y finalmente, son símbolos significativos de la conducta humana, y por consiguiente poseen un valor o "significado" especial dentro de su propia cultura.

El patrimonio intangible da sentido, sustento y razón de ser al patrimonio tangible

Es decir, que cuando hablamos de patrimonio cultural, no podemos separar los productos de la cultura material de los símbolos y valores significativos de dicha cultura. Por consiguiente, carece de sentido la distinción entre patrimonio tangible e intangible, ya que ambos son inseparables: el patrimonio tangible (cultura material) adquiere "significado" por el patrimonio intangible (cultura inmaterial), y éste, a su vez, necesita hacerse "visible" (adquirir "materialidad") a través de aquél.

Así, por ejemplo, la catedral de Chartres no sería un patrimonio tangible si no tuviera el valor agregado del arte arquitectónico y del sentido religioso e histórico que representa, además de la antigüedad; el Moisés de Miguel Ángel, o la Venus de Milo, sólo serían un pedazo de mármol, si no contaran con el valor "intangible" de la belleza y la armonía de las formas; la acrópolis de Atenas sólo sería un viejo edificio en ruinas, si no se tuvieran en cuenta el valor arquitectónico, histórico y religioso del lugar; la casa sobre el puente de Williams, no merecería ser restaurado y cuidado, si no fuera por su valor arquitectónico y originalidad del paisaje; la "Manzana de las Luces" forma parte del patrimonio de la ciudad de Buenos, no por sus viejos muros y espacios que ocupa, sino por en esos espacios se han protagonizado importantes acontecimientos históricos y culturales por los que bien merece el honroso apelativo que la distingue; la catedral basílica y la iglesia San Francisco de Salta, no serían parte del patrimonio cultural argentino, si no se destacaran por su admirable arquitectura, rica ornamentación, junto con una historia y una arraigada tradición popular y religiosa.

Y así podríamos continuar enumerando muchas obras de arte, edificios, lugares sagrados o conmemorativos, en que el patrimonio material adquiere sentido pleno -no por sí mismo- sino por su referencia a valores intangibles; y viceversa, muchos patrimonios inmateriales (como pueden ser valores éticos -como la autenticidad, el honor, el heroísmo-, mitos, leyendas y creencias, ideales de belleza, de bondad, de verdad, etc.- no pueden expresarse si no es "encarnándose" a través de manifestaciones y signos tangibles, como las imágenes, los libros, la pintura, los poemas, y otras formas culturales de expresión.

Por eso creo que debemos celebrar el que los organizadores de este VIII Congreso Internacional de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico y Edificación, hayan privilegiado los aspectos intangibles de la herencia cultural, al convocarnos a discutir "La Dimensión Social del Patrimonio".

 
© 2006 CICOP Argentina - Todos los derechos reservados